
Erase una vez un joven con un carácter peculiarmente violento.
Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que clavara un clavo en la cerca del jardín cada vez que perdiera la paciencia y se peleara con alguien. El primer día, llego a clavar 37 clavos en la cerca.
Durante las semanas siguientes aprendió a controlarse, y el número de clavos colocados en la cerca disminuyo día tras día: había descubierto que era más fácil controlarse que plantar clavos. Finalmente, llego el día durante el cual el joven no sujetó clavo alguno en la cerca.
Entonces fue a ver a su padre y le dijo que había conseguido no clavar ningún clavo durante todo el día.
Su padre le dijo entonces que quitara un clavo de la cerca del jardín por cada día durante el cual no hubiera perdido la paciencia.
Los días pasaron y finalmente el joven pudo decirle a su padre que había quitado todos los clavos de la cerca.
El padre condujo entonces a su hijo delante de la cerca del jardín y le dijo:
- "Hijo mío, te has portado bien, pero mira cuantos agujeros hay en la cerca del jardín. Esta ya no será como antes. Cuando te peleas con alguien y le dices algo desagradable, le dejas una herida como esta. Puedes acuchillar a un hombre y después sacarle el cuchillo, pero siempre le quedará una herida. Poco importa cuantas veces te excuses, la herida verbal hace tanto daño como una herida física.





10 comentarios:
Con lo fácil que es entenderlo y no hay forma, caminamos, más bien corremos hacia nuestra propia destrucción, hermanos contra hermanos, vecinos contra vecinos, pueblos contra pueblos.
Un saludo.
Y qué cierto es!!!
Y todo por no contenernos y pensar las cosas dos veces!!!
ay, estas impulsividades que nos matan!!!!
BESITOS!
Creo que he leído algo parecido en otro blog... esta misma mañana... qué raro... creo que he tenido un dejá vu....
Bueno el caso es que la historia es magnifica y preciosa. Me encanta
Un besito, mi niña
Natacha.
Pues sí Hache, triste pero cierto...
Chuspiiii, que alegría verte. Verdad, tenemos que tener cuidado con las palabras que pueden herir...
ajaja Natacha, pues lo habrás visto, son temas que se pueden contar de la misma forma o parecida.
Un beso enorme a los tres
Ya lo había leido ese cuento y que cierto es. Todo por no pensar las cosas dos veces.
Un saludo
Conocía esta historia pero al volver a leerla me he dado cuenta del enorme poder de la palabra.
La ofensa, si es grave permanece a fuego en nuestra memoria y se puede suavizar su efecto con el tiempo, pero dificilmente se olvida.
Me ha hecho reflexionar.
un beso
Mi amiga Libra, una vez más nos das un bello ejemplo de vida... es que a veces esas heridas que quedan son necesarias, para recordarnos por dónde tuvimos que pasar para crecer.
Creo que el mensaje es muy sensato, especialmente para que esas heridas no hagan mella en los demás.
Un beso primaveral, mi linda niña.
♣
Estoy de acuerdo Bardinda en ocasiones es mejor contar hasta 3 antes de hablar...
El poder de la palabra Frabisa, como tú dices alguna de ellas nos pueden quedar para siempre...
Sí que es cierto Patry que lo que somos depende de lo bueno y lo menos bueno que hemos vivido, pero pienso que en cuanto a palabras hirientes ojalá algunas nunca las hubieramos escuchado...
Besos enormes a las tres!!!!
Acabo de leer tu comentario en mi blog sobre Amaral e hija mía, ¿qué huevos tienes? jjajajajjaja, después de un desmayo, vuelves al fragor de la batalla, jajajajajjaja, eres TOTAL.
un besazo, guapa
jajajaja Frabisa, es que como tú bien explicas en tu post el concierto de Amaral te contagia...besitos guapa
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