Dicen que a Antonio Vega le gustaba subir a su buhardilla bien entrada la noche y mirar con su telescopio el manto celeste que cubre la ciudad...Mirando las estrellas...,examinando los diferentes tonos e intensidad de su luz, pensando en la posibilidad de viajar a ellas y escaparse...quizás de ahí sacase sus sentidas canciones...
Gracias Antonio, por poner letra a los sentimientos, por salpircarnos con tanta sensibilidad, por ser la banda sonora de una parte de mi vida, por llenar con tus canciones grandes momentos,...muchos hemos sido la chica o el chico de ayer... y como dice la estrofa de una de tus canciones:
"Días que no volverán Que ya no puedo olvidar El tiempo nos dejará una verdad Estarás en mi para siempre "
Desde lo alto de un cocotero, un mono arrojó un coco sobre la cabeza de un hombre. El hombre lo recogió, bebió el dulce jugo, comió la pulpa y se hizo un cuenco con la cáscara...
Madame Amulette presagió que se quedaría sin poderes. Y así fue. Al igual que siendo niña predijo que iba a ser vidente antes de que lo fuera. Ahora madame Amulette no puede leer en ninguna mano las líneas del futuro, pero ha aprendido a leer entre líneas el presente.
Madame Amulette se dio cuenta de que todos los que le preguntaban por el futuro, en realidad tenian miedo de su presente.
Cuando decidí crear un blog, ni por asomo me podía imaginar que a través de él iba a conocer un montón de personas maravillosas, y menos aún, llegar a crear con esas personas lazos de amistad, de sonrisas, de abrazos, de complicidad...esas personas maravillosas, sois vosotros, cada uno de vosotros, que pasáis por mi rincón..., eso para mí, ya es un maravilloso regalo..., y que me permitáis pasar por vuestros rincones, en donde encuentro cachitos de vuestro corazón, hace ese regalo aún más grande, si cabe...pero estos días Beeril y Amelie, han querido dar forma a tanto cariño, y me han dejado estos regalos, que yo quiero entregar a todos y cada uno de vosotros...Muchas gracias amigos, por vuestros momentos arco iris... ;))
Un guerrero indio se encontró un huevo de águila, el cual recogió del suelo y colocó más tarde en el nido de una gallina. El resultado fue que el aguilucho se crió junto a los polluelos.
Así, creyéndose ella misma gallina, el águila se pasó la vida actuando como éstas. Rascaba la tierra en busca de semillas e insectos con los cuales alimentarse. Cacareaba y cloqueaba. Al volar, batía levemente las alas y agitaba escasamente su plumaje, de modo que apenas se elevaba un metro sobre el suelo. No le parecía anormal; así era como volaban las demás gallinas.
Un día vio que un ave majestuosa planeaba por el cielo despejado.
Volaba sin casi batir sus resplandecientes alas dejándose llevar gallardamente por las corrientes de aire.
-¡Qué hermosa ave! - le dijo a la gallina que se hallaba a su lado. ¿Cuál es su nombre?
- Aguila, la reina de las aves - le contesto ésta. Pero no te hagas ilusiones: nunca serás como ella.
El águila vieja dejó, en efecto, de prestarle atención.